Idea:
Un principio: la verdad del ser humano es su propio cuerpo. La tradición
de una filosofía libertaria propondrá un individualismo no egoista: el individuo es la piedra angular que
organiza el mundo. No se subsume ni se le niega su identidad en aras de
un principio superior, o concepto que lo reduzca. Es la política la que
transmuta el individuo en Sujeto. El individuo históricamente cede su lugar al
Sujeto -conceptualmente hablando: el Rey para la monarquía, el cuerpo social
para el comunismo, la nación para el fascismo, la patria para el nacionalismo o
el mercado para el capitalismo. Todos ellos implican el triunfo del Ideal
(platonizante) sobre el individuo. Es un platonismo político lo que obtura la
vida por encima de todo. El principio
político que preconiza esta tradición se apoya en el individuo vivo, enérgico,
hedonista y vital. Es un principio innegociable. Frente a la economía
disciplinaria y caníbal que reduce el cuerpo a la mera productividad, el
individuo a un "recurso", y la sistematicidad que nos hace olvidar de
nuestra mortalidad y del paso del tiempo, propondremos una economía libidinal -expresión de J-.F Lyotard, 1979- que
adviene de cierta tradición anarquista (sea tanto de un socialismo libertario a
lo Fourier o bien de un capitalismo libertario), y también puede pensarse como un
nietzscheísmo de izquierdas, un dandismo revolucionario y una economía
dionisíaca y comunitaria. Una economía nómada, molecular, pragmática,
enérgica. Contra el economicismo ascético, ahorrador, castrador y puritano, una
mirada anti-utópica, es decir, una visión hedonista y una estética
generalizada.
En
este sentido, el objetivo de un filósofo como Michel Onfray (exponente y
sistematizador de esta línea) es claro: terminar con Mayo del 68, es decir:
continuarlo. Según su
visión el yo emancipado de la atadura reductiva en aquel momento requiere de
una continuación, esto es, perfeccionar el proyecto del 68 y de la
contracultura californiana. Algo que se detiene en las filosofías de Foucault y
Deleuze. Onfray propone poetizar la existencia. Contra el utopismo ideal, Onfray plantea nuevas formas de existencia, es
decir, un nuevo arte de vivir, algo que ya vemos previamente en textos
como El Anti Edipo de Deleuze y Guattari o la Historia de la
Sexualidad de Michel Foucault. Efectivamente, Foucault buscaba "nuevas
formas de vida", que, en su momento, había encontrado en la California de
los años 70 y 80. Onfray insta a seguir con esa "revolución" de las
subjetividades. En este sentido, propondrá comportamientos, conductas y formas
de vida libertarias -una "sociedad" anarquista le parece un horror
inviable. Frente a la libertad liberal,
Onfray desarrolla una libertad libertaria. Señala: "la libertad libertaria
inquieta, atemoriza, genera soledad, extrañeza a los demás, produce angustia y
miedo al fracaso". Pero la ganancia, dice Onfray, es incontable: es la
libertad de elegir -no de consumir, de comprar o vender- la propia existencia.
Claro que la libertad liberal es más simple -y sumisa-, y retribuye de manera
directa -con dinero, puestos, cargos- frente a la libertad libertaria que lleva
tiempo, autodisciplina, consistencia y perserverancia: voluntad y construcción
de sí. Etienne de La Boétie no se equivocó: "uno elige ser gobernado y
dominado". Y básicamente, por miedo a la libertad. Es el miedo a la libertad -a elegir, intentar, arriesgar, desear lo
propio-, por lo que la mayoría opta por una libertad liberal mercantil -solo
elegir que compar o vender-. La libertad libertaria consiste en guardar
un interior radiante -ni esclavo ni amo-: el despliegue de un yo solar como un
resistente táctico que desarrolla su proyecto propio contra el populismo demagogo del caudillismo.
La propuesta de una filosofía política libertaria consiste, entonces, en una estética generalizada: transformar la vida cotidiana en algo nuevo y estimulante. Aspirar a lo móvil. Es un individulismo altruista que genera microrresistencias frente a los microfascismos cotidianos y oficiales. Cuestión que se apoya en una clave: el proyecto propio. Dice Onfray: "Lejos de proponer un modelo de sociedad ideal, advertido por la trágica sabiduría, el libertario contemporáneo plantea una actitud, una postura, un modo de ser, una manera de decir y hacer, un temperamento”.
La propuesta de una filosofía política libertaria consiste, entonces, en una estética generalizada: transformar la vida cotidiana en algo nuevo y estimulante. Aspirar a lo móvil. Es un individulismo altruista que genera microrresistencias frente a los microfascismos cotidianos y oficiales. Cuestión que se apoya en una clave: el proyecto propio. Dice Onfray: "Lejos de proponer un modelo de sociedad ideal, advertido por la trágica sabiduría, el libertario contemporáneo plantea una actitud, una postura, un modo de ser, una manera de decir y hacer, un temperamento”.
En en este seminario
estudiaremos esta tradición, veremos sus manifestaciones y acciones directas de
hacer política a través de prácticas que favorezcan esta visión y se coloquen
al margen de lo homogéneo fascistoide y normalizador, a través de formas
viables como el emprendimiento propio, la autogestión, lo freelance, lo
cooperativo, el jardín epicúreo, el culto a la amistad y la afinidad electiva.
Manifestaciones de una visión posanarquista apoyadas en tres ideas fuerzas que
resignifican este ideario en el siglo XXI, vale decir: 1) El Estado no será un
mal en sí mismo, sino que se propiciará uno chico y eficiente, 2) el voto como
herramienta será táctico, pragmático y coyuntural, y no ideológico, 3) la
propiedad no será un robo (como señalaba Proudhon) sino legítima, así como el
capitalismo la forma de generar riqueza, pero si y solo si es entendido y
estimulado desde el deseo y de forma independiente, comunitaria, antimonopólica
y autogestiva. Lo libertario es la pulsión anticonformista. Esa invención o
promoción de modos de vida y comportamientos (que no son ni reprimidos ni
‘tolerados’, por visiones marxistas o liberales) es la clave de una política
que está entrelazada de forma irreductible con la ética, la erótica y la
estética. No hay política libertaria sin un pensamiento sobre el deseo y el
cuerpo. Ser libertario será inescindible de una actitud vitalista, una conducta
independiente y una política autogestiva y en red.
Programa:
Clase
1. Antecedentes de una política libertaria: amistad y espíritu libre
·
Étienne
de la Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria
(1548)
·
Pierre
Clastres, Libertad, desventura, innombrable, en El lenguaje
libertario (2006)
·
Michel
de Montaigne, De la amistad, en Ensayos (1589)
·
Henry
David Thoreau, Desobediencia civil (1849)
·
Henry
David Thoreau, Walden o la vida en los bosques (1854)
·
Friedrich
Nietzsche, Más allá del bien y del mal (1885)
-Siglo
XX y XXI
Clase
2. Ni Marx ni Freud: ‘freudomarxismo’ libertario
·
Wilhelm
Reich, La función del orgasmo (1927)
·
Herbert
Marcuse, Eros y civilización (1955)
·
Michel
Onfray, La ilusión dialéctica, en El crepúsculo de un ídolo
(2010)
Clase
3. Nuevas formas de vida y microrresistencias
·
Michel
Foucault, Justicia vs poder (diálogo con Noam Chomsky) (1971)
·
Michel
Foucault, La voluntad de saber, Historia de la Sexualidad I (1976)
·
Michel
Foucault, Las mallas del poder, en Dichos y escritos (1982)
·
Gilles
Deleuze y Felix Guattari, El Antiedipo. Capitalismo y
esquizofrenia (1972)
·
Gilles
Deleuze y Felix Guattari, Tratado de nomadología. La máquina de
guerra, en Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia II (1980)
·
Gilles
Deleuze, Postscriptum a las sociedades de control, en
Conversaciones (1995)
Clase
4. Posanarquismo hoy: actitud, conducta y prácticas
·
Michel
Onfray, Política del rebelde (1997)
·
Michel
Onfray, Política libertaria, en La potencia de existir (2006)
·
Christian
Ferrer, Sobre los libertarios, en El lenguaje libertario (2006)
·
René
Lourau, Instituido, Instituciones, Contrainstitucional, en El
lenguaje libertario (2006)
·
Tomás
Ibañez, Adiós a la revolución, en El lenguaje libertario (2006)
***
Duración: 4 clases
Costo: $250
(incluye material de lectura y una copa de vino)
***
