Sunday, December 04, 2011

Salvaje Unitario (IV)



"Mi vida ha sido desde la infancia una lucha continua, menos debido esto a mi carácter, que a la posición humilde desde donde principié, a mi falta de prestigio. Es mi vida entera un largo combate, que ha destruido mi físico sin debilitar mi alma, acerando y fortaleciendo mi carácter".
Domingo Faustino Sarmiento, Mi defensa

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I.


La luz mortecina de un sábado fugaz -como sería si no: todos son iguales, no hay "nada" importante que podrías perderte. Sólo, y preguntas: ¿cómo es ser un liberal hoy? Hoy. Pregunta impropia y impúdica si las hay. Entre recreo y recreo, sin culos ni conchas a la vista. Nuestros grandes liberales del siglo XIX -Sarmiento, Mansilla, Cambaceres- fueron grandes libertinos, orgiastas y hedónicos libres de culpa y cargo. El XX - o su filo - nos trajo otras singularidades como el falso Vizconde de Lascano Tegui y Barón Biza -radicales, pero liberales, sean alvearistas o yrigoyenistas, lo mismo da, ahora, que dicho partido es un cantar de cisne. También dandis crueles y amadores de mujeres con cierta obsesión insana. Tradición opacada, pienso, a partir del 30. [Un rayo fugaz]. Esa noble tradición literaria se volvió ascética por culpa del borgismo: sólo recuperada por otros grandes -cual Osvaldo Lamborghini, pero no liberal, aunque también suceptible de ser leído así por su anti-populismo literario más que explícito. ¿Cómo actualizarla desde hoy? Nada más marginal, solitario, insular e irreductible que el liberalismo hoy, en el siglo XXI. Nosotros, los "salvajes unitarios", somos rocas boyando en el Plata, río color león o mierda, directamente. No nos quiere ni La Nación. El liberalismo (grande) siempre fue orgásmico en el sur. Fue calentón y fálico. Fue derrochador de esperma y buceador de conchas y culos sin pudor: sin dejar de vestir y calzar. Algo luego perdido con la peronización -familiarista y culpógena: el corporativismo. El cuerpo individual visto como patrimonio de lo burgués. Yo, plebeyo, hijo y nieto de liberales de San Telmo -rodeados por populistas-: estoy encarnando(me) en esta vía oscura y maldita. Pareciese que esa situación se da de modo circular ahora: sólo, en el bajo, esperando el arribo de los grupos de dormidos. Un linaje viejo/nuevo que resulta incluso asombroso para propios liberales -que siempre nos, se, pelean. Lo cierto sea dicho: los grandes liberales citados fueron eximios petimetres, rebeldes, cascarrabias, temperamentales, sensuales, liberados del nauseabundo nacionalismo católico que luego contaminó todo con su clericalismo rancio y contradictorio -aunque su situación haya impedido su libertad pleno de sus rituales circunstanciales. Esa soledad (mi soledad) no es nueva: es la de Sarmiento. Pocos más argentinos. Los años 90, ridiculizados, pensados de modo vulgar y brutal -lógico, encarnados por un peronista riojano quiroguista, en las antípodas de nosotros. Los 90 no me interesan Fui feliz en ellos, pero fuí un ilota, un niño que vestía poleras y sacos y fumaba habanos caros por ser baratos. En cenáculos de nobles amigos a quienes les debo gran parte de mi formación por su generosidad y fidelidad inclaudicable y que siempre defenderé por su nivel. Los 90 no fueron para mi esa pantomima: fueron pasión y fuego. Exploración en medio de ese infierno de una subjetividad innovadora y estimulante. Nada de tonterías supinas, no, no. Otra cosa. Mi sarmientismo emana de una culturización con manos de obrero. Nada les debo, no preciso favores. Hablo, pienso, en soledad -autonomía ganada luego de cierta esclavitud-. Mi cuarto de hotel: otras cosas: pornografía y política. No pensar en la temperancia del presente. Nadie lo piensa: excepto yo. Esa relectura alegre, nada solemne, nada corrupta, es mi bandera. Un liberalismo hedónico, amoroso y orgiasta. Como el que existió aquí. Sí, sí, sí, sí. Las reminiscencias existen pero son poco bien habidas por un motivo: el desconocimiento. Quizá mi deriva hoy sea mayor. Tengo un tiempo de reflexión limitado, luego de sucesiones de carne y más carne. Siempre hay y habrá carne en el Río de la Plata. No falta, sobra. Siempre habrá agujeros, aceite y leche, lubricantes. Pareciera, pienso, que lo establecido reniega en pensar estas cuestiones: un liberal como yo las piensa porque nada tiene que perder [todo para ganar]. Un linaje, el mío, que tiene luces tan fuertes que encandilan. Por ende, no me interesa pensar hacia atrás -los "90's", ese axioma tan reduccionista como pelotudo. Habito el siglo XXI, no el XX. Mi liberalismo es presente, su territorio es lógico: el margen total y absoluto, el fuera de cuadro: nadie nos representa. Digo lo que nadie puede o "debe" decir. Esa impunidad es mi libertad al no estar atada: respeta mi coherencia. Un problema: la carencia de talento de algunos. Su falta de sensiblidad se nota horrores [Oh]. Pero desde Sarmiento a Barón Biza tenemos un norte si lo resignificamos y lo leemos HOY, my friend. Todo puede suceder. A veces la soledad suele ser una gigantesca oportunidad para librarnos de lo pasado -aún sea reciente y emputecido. La pendiente se ve con cierta nitidez, sí. En el fondo se trata de lo nuevo -como siempre- con lo "viejo". ¡Laconchadelalora!

II.

Más relajado: el liberalismo siempre ha sido una emergencia de la falta de forma -barbarie o gronchaje, lo mismo da. Los liberales, los últimos, nos esculpimos sin temor. Por eso la orgía nos resulta saludable. Algo que resulta ominoso para el neorosismo imperante: revisionismo histérico constructor de epopeyas insípidas. Acá "se rompen culos de verdad". ¿Soy claro? Bah, debería relajar un poco y ajustar mi corbata ¿o desajustarla? Tal vez quedarme completamente en bolas y fumar. Fumo. Una panetela. Otra más. Veo. Nadie en la calle: una rata que corre por San Martín. Otra, más. ¿Y si nunca vinieran por mí? ¿Si todo fuera producto de mi paranoia? ¿Si el ejército de muertos no sea otra cosa que producto de una furia erótica, cuál no? ¿Si mi memoria afectiva está afectada por cierta compulsión hacia una belleza? La belleza. Siempre se pagan los costos por ese amor irrefrenable. ¿Cuál de ellas? ¿Cuál de todas? Quizá de todas las putas que transitaron y transiten quede el hueco -no la concha: la nada.

III.

Todo posible liberal, hoy, será orgiasta -sepan leer, orgía no necesariamente es orgía. Veo cómo llegan, otra vez, no paro - se me para - de ver [...]

[Continúa, siempre].

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