
Nuestro lema común: "lo más bello, lo más justo, lo más agradable, es tener salud, y la cosa más placentera es ser amado por alguien".
Releyendo las cartas de Nietzsche (desde Basilea, Sils María, Génova, Niza, Turín) con sus amigos y familia se encuentran perlas deliciosas sobre su filosofía. Quizá no tanto la contundencia de sus textos canónicos, sino el Nietzsche más íntimo, que todos dicen que era la contracara de la dureza inepelable y vigorosa -a veces virulenta- del yo de sus libros. Es el Nietzsche amable, cándido, temeroso y hasta tierno, pero igualmente convencido de su genialidad y carácter único.
Nietzsche tuvo pocos amigos, el mejor de ellos fue el teólogo Franz Overbeck, quien estuvo con él hasta el final (único amigo que le quedó) y quién se peleó con su hermana Elisabeth Förster Nietzsche en la creación -y la tergiversación- de muchas de sus ideas en el Archivo Nietzsche. Pero también otras figuras centrales son Erwin Rohde, Peter Gast, el Barón Carl von Gerdsdorff o Carl Fuchs. No aparecen aquí Lou Andreas Salomé o Paul Ree, también centrales en su vida. Y sí aparecen Franziska, su madre, y Elisabeth, su hermana.
Aquí unos fragmentos maravillosos.
Ahora comprendo aquella primera y gran "disposición espiritual de sábado por la tarde" en que soñaron por vez primera las agradables palabras: "Todo es muy hermoso". Fueron inventados el café y la pipa y entró en la vida el primer optimista. (a E. Rohde en Kiel, 1868).
La regla que en esta cuestión nos da la experiencia es ésta: las naturalezas que producen intelectualmente y las intensamente espirituales tiene que alimentarse con carne. La otra alimentación queda para los artesanos y labradores, que no son sino máquinas digestivas (a Von Gerdsdorff en Berlín, 1869).
Pero poco a poco iré encarrilándome en el buen camino. Un modesto hogar, una vida absolutamente ordenada con un plan perfectamente determinado para cada día, ningún deseo de honores ni de sociedad, la vida en compañía de mi hermana, cuya presencia hace tan aplicable y tan nietzscheano todo lo que me rodea, la conciencia de tener excelentes y cariñosos amigos, la posesión de cuarenta buenos libros de todas las edades y países, la inmutable felicidad de haber encontrado en Schopenhauer y Wagner educadores y en los griegos objeto de mi trabajo cotidiano, todo esto constituye mi vida actual (a Von Gersdorff en Hohenheim, 1875).
Mi musculutura, desarrollada por el continuo andar, es casi la de un soldado y mi sistema nervioso es, para mi admiración y a pesar de la enorme actividad a que se ve sometido, maravillosamente fino y fuerte; ni las largas y penosas dolencias, ni una actividad inapropiada (a Franziska Nietzsche en Naumburg, 1881).
He conocido algo muy bueno: Carmen, una ópera de Francois Bizet (¿quién es?), que deja la misma impresión de ingenio, fuerza y emoción, que una novela de Merimée. Es un talento netamente francés para la ópera cómica, nada desorientado por Wagner y, en cambio, un verdadero discípulo de Héctor Berlioz (a Peter Gast en Venecia, 1881).
6. La moral estética.
Mi perpetuo lema es Mihi ipsi scripsi (O morir o vivir así), y mi moral, la única moral que aún me queda, es la de que cada uno debe hacer de una manera lo mejor que pueda por sí mismo. Si hasta mi salud fisica va afirmándose, ¿a quién se lo debo? Fui en todo mi propio médico, y como alguien en quien todo va unido el mismo tratamiento (a E. Rohde en Tubinga, 1882).
7. Valencia, la luz hispana.
Estoy hecho para la luz y ella es lo único que no puede faltarme ni serme sustituido por nada. Necesito la plenitud de luz de un alegre cielo. En cuanto domine el español, quizá el próximo invierno, seguiré mi camino hasta Valencia. Un hombre tan modesto en alimentación y vestuario como tu amigo Nietzsche, vive bien en todas partes y a poco coste. (a Franz Overbeck en Basilea, 1883).
8. Vida conforme.
Quisiera poder llegar una vida más conforme a mi persona y que no se pareciera tanto como la actual a la vida de "erudito viajero". Pero hasta las condiciones, realmente modestas, que podrían hacerme la vida llevadera parece nimposibles de realizarse. Tales condiciones son: 1°. Alguien que vigilase mi alimentación. 2°. Alguien que, lleno de alegría, pudiera reír conmigo. 3°. Alguien orgulloso de mi trato que supiera mantener a "los demás" en un justo respeto para conimgo. 4°. Alguien que me leyera sin trivializar mi lectura. Casarme sería ahora sencillamente una tontería, que me privaría de mi tan constantemente conquistada independencia (a Elisabeth Nietzsche en Niza, 1887).
9. Turín.
Niza y Sils, he hallado un tercero que agregar como entreacto: Turín. En clima y hombres es para mí el más agradable lugar hallado hasta ahora. Es una gran ciudad; pero tranquila, noble, aristocrática, con universidad y bibliotecas muy buenas, y muchas cosas cómodas para mí: excelente vida teatral, precios reducidos y comida y aire, agua y paseos, todo conforme a mi gusto. En las librerias se encuentran libros franceses, alemanes e italianos, de manera que puedo enterarme de la nueva literatura (a Elisabeht Förster - Nietzsche en Paraguay, 1888).
10. Las trattorías y la cocina de Piamonte.
El café es excelente y por 20 céntimos se obtiene una cafetera. Mi habitación, está situada en el mejor sitio del centro, con sol desde temprano hasta la tarde y con vistas al Palazzo, la Piazza Carlo Alberto y a lo lejos las verdes montañas. En la trattoria pago 1,15 francos por cada comida y doy, cosa que se toma como excepción 10 céntimos más como propina. Por tal precio obtengo un ración de menestra, seca o caldosa, un excelente trozo de carne tierna, sobre todo cordero asado como nunca lo he comido mejor, una verdura, espinacas, y tres panecillos, cosa aquí muy sabrosa (a Peter Gast en Berlín, 1888).
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